
La huella de la manta: cómo una foto de su panza ayuda a protegerla
8 de octubre de 2026
En septiembre, en nuestro viaje a Maldivas, hicimos una inmersión nocturna con mantarrayas. Pusimos una linterna en la arena y esperamos. Al rato llegaron, una detrás de otra, a comer el plancton que la luz atraía. Una pasó tan cerca que la cámara se llenó con su panza: blanca, con cinco branquias a cada lado y unas manchas oscuras regadas sin ningún orden aparente.

Ese desorden es lo más valioso que tiene una manta para la ciencia.
Cada panza es única
Las manchas de la parte de abajo de una manta funcionan como una huella digital. No hay dos iguales, y el patrón se mantiene toda la vida del animal. Una manta fotografiada hoy se puede reconocer dentro de veinte años con la misma foto.

Eso permite algo que antes era casi imposible: seguir a cada individuo sin tocarlo, sin marcarlo y sin sacarlo del agua. Basta con una buena foto de la panza.
Con miles de fotos, los investigadores pueden saber cuántas mantas viven en una zona, cuáles vuelven cada año, cuánto viven, cuándo una hembra está preñada y cuántas tienen heridas de anzuelos o de hélices. Es ciencia hecha con cámaras de buzos.
Maldivas, el mejor ejemplo
Maldivas tiene la población de mantas de arrecife más grande que se conoce. El Maldivian Manta Ray Project, de la organización Manta Trust, lleva años armando un catálogo con fotos de investigadores, guías y buzos de paso. Ya superan las 7.000 mantas identificadas, una por una.
Gran parte de esas fotos no las tomó un científico. Las tomó alguien de vacaciones que tuvo la suerte de tener una manta encima. Si quieres verlas, la expedición a Maldivas vuelve en septiembre de 2027.

Por qué importa tanto
Las mantas se reproducen muy despacio. Tardan años en madurar, la hembra tiene una sola cría después de un año de gestación y muchas descansan dos años o más antes de la siguiente. Una población que pierde adultos tarda décadas en recuperarse.
Hay dos especies. La manta de arrecife (Mobula alfredi), la que vimos en Maldivas, está clasificada como vulnerable por la UICN. La manta oceánica (Mobula birostris), más grande y viajera, está en peligro. La pesca para vender sus branquias en mercados de medicina tradicional y la captura accidental son sus amenazas principales.
Para protegerlas hay que saber dónde están, cuántas son y qué les pasa. Las fotos de identificación responden esas tres preguntas.
Cómo puedes ayudar desde una inmersión
No necesitas equipo especial. Necesitas paciencia y buenos modales bajo el agua.
Quédate abajo y deja que ella venga. En las nocturnas con mantas el lugar del buzo es el fondo, quieto, con la linterna apuntando hacia arriba o puesta en la arena. Si te quedas quieto, la manta pasa sola por encima, y esa es justo la foto que sirve.
Nunca la toques ni la persigas. Su piel tiene una capa de moco que la protege de infecciones, y una mano se la quita. Perseguirla solo la aleja.
No le cierres el paso. Si viene hacia ti, apártate un poco y déjala pasar.
Fotografía la panza, de lado a lado. La foto que sirve para identificarla muestra la zona entre las branquias completa y bien iluminada. Una foto de su lomo es linda, pero no ayuda.

Mándala. Anota la fecha y el sitio de buceo, y envía la foto al proyecto de identificación de la zona. La Manta Trust las recibe en MantaBase: las de Maldivas van directo a su catálogo y las de otros países, Colombia incluida, por un formulario aparte.
¿Y en Colombia?
En el Pacífico colombiano también aparecen mantas, sobre todo oceánicas, en lugares como Malpelo y Gorgona. Son encuentros menos frecuentes que en Maldivas, y por eso cada foto vale todavía más.
Si algún día te pasa una por encima en Gorgona, ya sabes qué fotografiar. Esa foto de la panza que casi borras porque salió blanca puede ser de una manta que nadie había registrado.
Todos somos océanos.